El primer departamentito que compré, lo sentí mi hogar desde el primer pie que posé en él... fue el resultado de años de mucho laburo, de ahorrar hasta la última monedita, de no gastar un centavo de más (y de un par de familiares copados que me prestaron los últimos manguitos que faltaban, lo cuales retorné en tiempo y forma, como correspondía).
Tardé 5 meses en mudarme a ese departamento luego de haberlo comprado, porque no tenía nada, entonces de a poquito hubo que empezar a comprar las cosas en millones de cuotas con tarjeta. Y cuando por fin quedó como yo quería, me mudé definitivamente. Era chiquito, de un ambiente sin divisiones, pero con un balconcito a cielo abierto, que me permitía ver el atardecer.
Entonces, no había cosa que me diera más placer que en los días de verano, llegar a horario del trabajo, y ponerme la sillita playera en el balcón, y así sin prender ninguna luz, poner música, preparar alguna bebida acorde y quedarme sentada ahí viendo el atardecer.
Eso me hacía sentir en mi hogar.
Y un día llegó el momento de progresar, y de pasar a algo un poquito más grande, así que puse en venta mi hogar, y compré lo que hoy es mi departamento. Desde que abandoné mi hogar, hasta que finalmente pude establecerme en mi casa, pasaron los peores 9 meses de mi vida, porque hubo problemas y no me lo entregaban, así que me ubicaron en una cajita de zapatos sin agua caliente ni calefacción, y allí pasé todo un invierno, bañándome con agua helada en días de 0 grados, cenando con la campera puesta, durmiendo con un colchón en el piso.
Hubo amenazas de juicio de mi parte, hubo amenazas de que me iba a quedar sin nada, de parte de los otros, hubo mucha pero mucha angustia.
Y cuando por fin me pude mudar a donde correspondía, se enfermó mi viejo y a los dos meses falleció.
Al poquito tiempo apareció mi negro adorado, y me ayudó a seguir poniéndole garra a esta casa, porque se le levantaron los pisos, y se encontraron otra variedad de defectos que nadie nos reconoció. Y así llegamos a lo que el departamento es hoy, con muchas cosas por arreglar, con faltante de muebles, pero habitable al fin.
Sin embargo, sigo queriendo un hogar... sobre todo ahora, que se agranda la familia. Sigo queriendo ese lugar donde llegar y sentirme absolutamente convencida de que no hay mejor lugar en el mundo.
Este departamento es nuestra casa, y no tengo lugar a dudas de que es mejor que nada, pero sigo sin sentirlo mi hogar.
Hace 1 año.



